lunes, 4 de mayo de 2015

Acuerdos pre-cónclave... especial para Antonio Socci

En la página siguiente, aparece una entrevista (breve) al autor de "El Vaticano según Francisco".
En ella aparece:



(...) Bergoglio es un outsider total.
–¿Entonces por qué lo eligieron?
–Todos estaban cansados de la manera de operar de Roma, de la curia, de los italianos, el escándalo IOR, la pedofilia, Vatileaks, y decidieron elegir a un personaje totalmente nuevo. Me contó un cura canadiense que encontró al cardenal Bergoglio el domingo antes de la apertura del cónclave en la Plaza Navona y empezaron a andar y este cura, que es la persona que se ocupaba de toda la prensa anglosajona durante el cónclave, le preguntó a Bergoglio: “Cardenal, lo veo un poquito nervioso, ¿por qué?” Y él respondió: “Porque no sé lo que me están preparando los hermanos en el cónclave”. Esto significa que había una estrategia preparada.
–¿Bergoglio termina siendo un comodín, entonces?
–No. Él sabía que algo le estaban preparando pero no es un comodín. Los cardenales estadounidenses estaban convencidos de elegirlo. Algunos no lo conocían bien y fue una operación muy sutil y muy bien preparada. (...)


Interesante.
¿Es que los acuerdos pre-cónclave no son ilícitos?

Ecumenismo francisquista

Navegando recién, me encontré con esta noticia:
"El Santo Padre recordó, en la mañana de este lunes 4 de mayo, -al recibir en audiencia a la arzobispa luterana de Upsala (Suecia), Antje Jackelén, que encabeza la delegación de la Iglesia Evangélica-Luterana en ese país de visita en el Vaticano-, que el decreto “Unitatis Redintegratio” del Concilio Vaticano II sigue siendo el punto de referencia clave para el empeño ecuménico de la Iglesia Católica y que dicho decreto, añadió el Pontífice, “expresa un profundo respeto y aprecio por aquellos hermanos y hermanas separados a quienes, en la coexistencia cotidiana, se corre a veces el peligro de prestar poca consideración. En realidad no deben ser percibidos como adversarios o competidores, sino reconocidos por lo que son: hermanos y hermanas en la fe”

Entiendo que tenemos un Papa ecuménico. Demasiado, para mi gusto. Es mi opinión.
Entiendo que el Vaticano II propició de forma nueva el ecumenismo. Aún a costa que la Iglesia pierda parte de su esencia. Por deseo de (algunos) padres conciliares y (quizás) tolerado por el Espíritu Santo, que a veces permite ser probados en la fe. En el ecumenismo la Iglesia siempre sale perdiendo. Como si tuviera culpa de ser la Única Iglesia verdadera, mal que le pese a muchos. La Dominus Iesus está ahí, documento que no aporta nada nuevo (a propósito) sino que retoma la enseñanza de la Iglesia, clarificando aspectos que se habían confundido (a propósito) por iniciativa de muchos "católicos ecuménicos". Y tuvo que ser el Cardenal Ratzinger quien aportó claridad al tema.

Pero no soporto la confusión.
Misa del 5to Domingo de Pascua:
1ra Lectura: Saulo llega a Jerusalen, los discípulos y Apóstoles sienten desconfianza "porque no creían que el fuera un verdadero discípulo". Pero cuenta su encuentro con Cristo y su testimonio, e ingresa a la Iglesia. La de Jerusalén. La Apostólica. De la que Francisco es sucesor de Pedro.
Evangelio: "Permanezcan en mi, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mi... porque separados de mi, nada pueden hacer".

A Saulo no le dijeron: "Bueno, todo bien. Viví y dejá vivir. Armate una iglesia aparte que somos hermanos. Predicá lo que quieras. Todo bien!". Ni Jesús dijo "Si, cada uno forme su Iglesia. Yo me divido, no se preocupen. Voy a estar con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo, pero no en mi Iglesia, voy a estar en todas. Y si aparece en 1500 años un fulano llamado Lutero, bueno, son sus hermanos. Olvidense que mi única Iglesia es la que nace en Jerusalen desde mi cruz. No vale la pena enfrascarse en discusiones teológicas de escritorio. Todos hermanos. Todo bien. Vivan y dejen vivir!"

Mucha confusión. Poca claridad. Y el Vaticano II aportó mucho a ésto. Y el Papa también.

jueves, 23 de abril de 2015

El Papa no tiene cura

En la Navidad pasada, el Papa Francisco se despachó con las cinco enfermedades o tentaciones de la Curia de Roma, de sus colaboradores. Ya lo he tratado en entradas anteriores. Lamento informar que su contagio sigue en curso. 

Los hechos:
1. El fomento de la papolatría: no sólo se despachó con las enfermedades de la Curia, sino que también en la Misa Crismal arremetió contra los obispos y sacerdotes. A sus más obsecuentes defensores no les alcanzaron los dedos en los teclados para deconstruir semejante homilía misericordiosa. Y por otro lado, por medio de mails a distintas congregaciones en Argentina, que "recen por él" porque lo quieren matar. Grageas de un martirio buscado.
2. El personalismo: en su entrevista televisiva mexicana (aquella donde hace el chiste sobre cómo se suicida un argentino), Francisco repite a cada rato que ésto "no le gusta", que aquello "no le gusta", que lo otro "no le gusta". Parece que no solo recibir, sino saludar con atención y cariño al esposo e hija de Asia Bibi tampoco "le gustó". Los recibió de pasada, siguió de largo, con una bendición sin ganas.
3. Su verborragia confusa y complaciente: preguntarse si "con esto caminaba la vieja?" en referencia al bastón que usaba Santa Teresa de Jesús, puso en evidencia que la sintomatología sigue profundizándose.
4. El empeño en rebajar la Iglesia: aunque lo ha llegado a nombrar, habiendo omitido las más de las veces el tema, la cantidad de mártires que están cayendo en oriente medio seguramente no entrarán en los "me gusta" de Bergoglio. Mártires que dan testimonio de que la vida no es nada comparada con Cristo. Pero el Papa lo ignora. Los inmigrantes en Lampedussa valen más.
5. La necesidad de vanagloriarse y ganarse la simpatía de los que se oponen a Cristo: el Jubileo de la misericordía será quizá su Concilio Vaticano III breve, luego del Sínodo, que Bergoglio se tiene prometido. Misericordía por encima de la fe, pastoral enterrando a la doctrina de la Iglesia.
6. La repetición de incoherencias: cuando viajó a Turquía, se cuidó mucho de nombrar el genocidio armenio. Nada de nada. Para no molestar. Hace una semana lo pronuncia en público... años después de la misma afirmación realizada por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pero para algunos, Francisco lo dijo más fuerte!!!
7. La constante costumbre de escandalizar: en Semana Santa ha vuelto a lavar los pies de una "docena + uno", cuidadosamente registrado en los medios de comunicación afines pero con un problemita de lectura de rúbricas liturgicas evidente (Vade retro, rúbricas!!!, exclamó el Papa).
8. Del "¿Quién soy yo para juzgar?": el caso del embajador de Francia ante el Vaticano produjo una nueva regresión inesperada: el Papa abierto a todos sigue con la cerrazón de tantos siglos de oscurantismo vaticano.
9. Amistades peligrosas: como aparece en el post anterior, siguen entrando al Vaticano Maradona, Kirchner, mails a Cacho Castaña, etc., todo "fulbito pa´ la tribuna". Argento 100%.
10.La lenta reforma de la Curia Vaticana: sin novedades. Siguen las reuniones y los viajes. Pocos cambios. Mucho marketing. Obviamente, a costa de los retrógrados cardenales que le hacen la contra.
11. Un Papa que mezcla la politica con la fe: hace un par de semanas, se publicó que el Papa Francisco se había sentido "usado" por los políticos argentinos. Luego de estas declaraciones, el Papa acepta una nueva visita de la Presidenta Kirchner, ya metida en plena campaña electoral.
12. La búsqueda inquietante de novedades morales y doctrinales: El Papa sigue ahí, en Santa Marta, dentro del Vaticano. Todavía no ha renunciado a nada, ni a ningún título. Que luego del Sínodo le otorguen a las Conferencias Episcopales libertad de doctrina, es una hipótesis que toma cuerpo si el Papa quiere lavarse las manos de cualquier cambio en dirección herética.
13. Algunas de sus obsesiones...: la dualidad misericordia- fariseísmo, novedades- cerrazones sigue sin solución de continuidad. Agravada al acercarse el Sínodo.
14. La calculada trampa del Sínodo de la familia: a pesar que el Cardenal Muller ha salido a explicar que su Congregación tiene como tarea "estructurar teológicamente" el Papado, y ya algunas espadas han salido a defender a Francisco, no se registran muchas novedades: la misericordina tiene efectos colaterales importantes.
15. El rumbo que Francisco planea para la Iglesia: tampoco ha habido cambios ni mejoras: no será para confrontar o chocar con el mundo, sino una implosión silenciosa y duradera.

Maradona 3 - Asia Bibi 0

Desde hace un tiempo (en el que no he publicado entradas) había dejado que un manto de piedad sobre el Papa Francisco me evitara escribir comentarios. Críticos.
Un allegado al Papa, cercano a él en Roma, comentó que el Papa no es como lo muestran en los medios. Que es sencillo, que tiene una fe muy clara, y que su estilo campechano es el que usa todo el tiempo. Llano y transparente. Como que no hay que pedirle, o esperar, mucho más.
Hace unos días, se publicó la noticia de la visita del marido y la hija de Asia Bibi, en audiencia general en el Vaticano, donde fueron a saludar a Francisco.
Vi el video en Rome Reports, donde objetivamente, más de 10 segundos, entre la explicación de Arsuaga, estrechar la mano y el gesto al vuelo y a las apuradas de la bendición, no hay mucho más.
Empezaron a salir comentarios de cómo este Papa recibe a Maradona, a Scalfari, a la presidenta Kirchner.... y no recibe aunque sea en audiencia privada a los familiares de Asia Bibi (ndr, una mujer católica condenada desde hace cinco años a muerte en Pakistán por confesar su fe católica y no abjurar de ella. Vive en una cárcel donde ella misma se hace la comida para que no la envenenen y con recompensas de imanes musulmanes para aquellos que la asesinen)
Piadosamente pensé: "otra vez los conservadores y dinosaurios preconciliares hacen leña con Francisco".
Me fijé en algunas páginas (de las obsecuentes al Papa) y vi que apenas mencionaban que fue en una audiencia general (donde puede entrar cualquiera, sin invitación, y acercarse al Papa), donde ponían que "los colmó de bendiciones", que les habló, que se interesó, etc. Todo para seguir haciendo pasar a este Papa como el más humano y cariñoso de la historia. Pero en los hechos, nada de nada.


El Papa de las sorpresas!!!
Pero justo hoy aparece la noticia de que justamente el Papa recibe nuevamente a Maradona. Donde lo colma de elogios y alabanzas. Buscando armar otro partido de fútbol (recordemos que en el primero se cantó la canción Imagine de John Lennon, un himno al agnosticismo laico galopante) para el proyecto Scholas Concurrentes, patrocinado por el mismo Bergoglio, promoviendo una educación laicista, descreída, al servicio de los poderes reinantes.

Como decía el susodicho, no esperemos mucho más del Papa Bergoglio. Y si ésto es lo que tenemos hasta ahora, lo que venga no será mejor. Al contrario.

miércoles, 1 de abril de 2015

El Sábado Santo (Joseph Ratzinger - Benedicto XVI)

Para comenzar el Triduo Pascual:

Tres meditaciones sobre el Sábado santo

La angustia de una ausencia



por el cardenal Joseph Ratzinger
En estas páginas, miniaturas sacadas del evangeliario 
de principios del siglo XIII conservado 
en la abadía benedictina de Groß Sankt Martin, en Colonia; 
, el descendimiento
En estas páginas, miniaturas sacadas del evangeliario de principios del siglo XIII conservado en la abadía benedictina de Groß Sankt Martin, en Colonia; , el descendimiento
PRIMERA MEDITACIÓN 

La afirmación de la muerte de Dios resuena, cada vez con más fuerza, a lo largo de nuestra época. En primer lugar aparece en Jean Paul, como una simple pesadilla. Jesús muerto proclama a los muertos desde el techo del mundo que en su viaje al más allá no ha encontrado nada: ningún cielo, ningún dios remunerador, sino sólo la nada infinita, el silencio de un vacío absoluto. Pero se trata simplemente de un sueño molesto, que alejamos suspirando al despertarnos, aunque la angustia sufrida sigue preocupándonos en el fondo del alma, sin deseos de retirarse. Cien años más tarde es Nietzsche quien, con seriedad mortal, anuncia con un estridente grito de espanto: «¡Dios ha muerto! ¡Sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos asesinado!». Cincuenta años después se habla ya del asunto con una serenidad casi académica y se comienza a construir una «teología después de la muerte de Dios», que progresa y anima al hombre a ocupar el puesto abandonado por Dios. 
El impresionante misterio del sábado santo, su abismo de silencio, ha adquirido, pues, en nuestra época un tremendo realismo. Porque esto es el sábado santo: el día en que Dios se oculta, el día de esa inmensa paradoja que expresamos en el credo con las palabras «descendió a los infiernos», descendió al misterio de la muerte. El viernes santo podíamos contemplar aún al traspasado; el sábado santo está vacío, la pesada piedra de la tumba oculta al muerto, todo ha terminado, la fe parece haberse revelado a última hora como un fanatismo. Ningún Dios ha salvado a este Jesús que se llamaba su hijo. Podemos estar tranquilos; los hombres sensatos, que al principio estaban un poco preocupados por lo que pudiese suceder, llevaban razón. 
Sábado santo, día de la sepultura de Dios. ¿No es éste, de forma especialmente trágica, nuestro día? ¿No comienza a convertirse nuestro siglo en un gran sábado santo, en un día de la ausencia de Dios, en el que incluso a los discípulos se les produce un gélido vacío en el corazón y por este motivo se disponen a volver a su casa avergonzados y angustiados, sumidos en la tristeza y la apatía por la falta de esperanza mientras marchan a Emaús, sin advertir que aquél a quien creen muerto se halla entre ellos? 
Dios ha muerto y nosotros lo hemos asesinado. ¿Nos hemos dado realmente cuenta de que esta frase está tomada casi literalmente de la tradición cristiana, de que hemos rezado con frecuencia algo parecido en el vía crucis, sin penetrar en la terrible seriedad y en la trágica realidad de lo que decíamos? Lo hemos asesinado cuando lo encerrábamos en el edificio de ideologías y costumbres anticuadas, cuando lo desterrábamos a una piedad irreal y a frases de devocionarios, convirtiéndolo en una pieza de museo arqueológico; lo hemos asesinado con la duplicidad de nuestra vida, que lo oscurece a él mismo, porque, ¿qué puede hacer más discutible en este mundo la idea de Dios que la fe y la caridad tan discutibles de sus creyentes? 
La tiniebla divina de este día, de este siglo, que se convierte cada vez más en un sábado santo, habla a nuestras conciencias. Se refiere también a nosotros. Pero, a pesar de todo, tiene en sí algo consolador. Porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo tiempo, expresión de su radical solidaridad con nosotros. El misterio más oscuro de la fe es, simultáneamente, la señal más brillante de una esperanza sin fronteras. Todavía más: a través del naufragio del viernes santo, a través del silencio mortal del sábado santo, pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y qué significaba verdaderamente su mensaje. Dios debió morir por ellos para poder vivir de verdad en ellos. La imagen que se habían formado de él, en la que intentaban introducirlo, debía ser destrozada para que a través de las ruinas de la casa deshecha pudiesen contemplar el cielo y verlo a él mismo, que sigue siendo la infinita grandeza. Necesitamos las tinieblas de Dios, necesitamos el silencio de Dios para experimentar de nuevo el abismo de su grandeza, el abismo de nuestra nada, que se abriría ante nosotros si él no existiese. 
Hay en el evangelio una escena que anticipa de forma admirable el silencio del sábado santo y que, al mismo tiempo, parece como un retrato de nuestro momento histórico. Cristo duerme en un bote, que está a punto de zozobrar asaltado por la tormenta. El profeta Elías había indicado en una ocasión a los sacerdotes de Baal, que clamaban inútilmente a su dios pidiendo un fuego que consumiese los sacrificios, que probablemente su dios estaba dormido y era conveniente gritar con más fuerza para despertarle. ¿Pero no duerme Dios en realidad? La voz del profeta ¿no se refiere, en definitiva, a los creyentes del Dios de Israel que navegan con él en un bote zozobrante? Dios duerme mientras sus cosas están a punto de hundirse: ¿no es ésta la experiencia de nuestra propia vida? ¿No se asemejan la Iglesia y la fe a un pequeño bote que naufraga y que lucha inútilmente contra el viento y las olas mientras Dios está ausente? Los discípulos, desesperados, sacuden al Señor y le gritan que despierte; pero él parece asombrarse y les reprocha su escasa fe. ¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? Cuando pase la tormenta reconoceremos qué absurda era nuestra falta de fe. 
Y, sin embargo, Señor, no podemos hacer otra cosa que sacudirte a ti, el Dios silencioso y durmiente, y gritarte: ¡despierta! ¿no ves que nos hundimos? Despierta, haz que las tinieblas del sábado santo no sean eternas, envía un rayo de tu luz pascual a nuestros días, ven con nosotros cuando marchemos desesperanzados hacia Emaús, que nuestro corazón arda con tu cercanía. Tú que ocultamente preparaste los caminos de Israel para hacerte al final hombre como nosotros, no nos abandones en la oscuridad, no dejes que tu palabra se diluya en medio de la charlatanería de nuestra época. Señor, ayudanos, porque sin ti pereceríamos. 



La crucifixión
La crucifixión

SEGUNDA MEDITACIÓN 






El ocultamiento de Dios en este mundo es el auténtico misterio del sábado santo, expresado en las enigmáticas palabras: Jesús «descendió a los infiernos». La experiencia de nuestra época nos ayuda a profundizar en el sábado santo, ya que el ocultamiento de Dios en su propio mundo –que debería alabarlo con millares de voces–, la impotencia de Dios, a pesar de que es el todopoderoso, constituye la experiencia y la preocupación de nuestro tiempo. 
Pero, aunque el sábado santo expresa íntimamente nuestra situación, aunque comprendamos mejor al Dios del sábado santo que al de las poderosas manifestaciones en medio de tormentas y tempestades, como las narradas por el Antiguo Testamento, seguimos preguntándonos qué significa en realidad esa fórmula enigmática: Jesús «descendió a los infiernos». Seamos sinceros: nadie puede explicar verdaderamente esta frase, ni siquiera los que dicen que la palabra infierno es una falsa traducción del término hebreo sheol, que significa simplemente el reino de los muertos; según éstos, el sentido originario de la fórmula sólo expresaría que Jesús descendió a las profundidades de la muerte, que murió en realidad y participó en el abismo de nuestro destino. Pero surge la pregunta: ¿qué es la muerte en realidad y qué sucede cuando uno desciende a las profundidades de la muerte? Tengamos en cuenta que la muerte no es la misma desde que Jesús descendió a ella, la penetró y asumió; igual que la vida, el ser humano no es el mismo desde que la naturaleza humana se puso en contacto con el ser de Dios a través de Cristo. Antes, la muerte era solamente muerte, separación del mundo de los vivos y –aunque con distinta intensidad– algo parecido al «infierno», a la zona nocturna de la existencia, a la oscuridad impenetrable. Pero ahora la muerte es también vida, y cuando atravesamos la fría soledad de las puertas de la muerte encontramos a aquél que es la vida, al que quiso acompañarnos en nuestras últimas soledades y participó de nuestro abandono en la soledad mortal del huerto y de la cruz, clamando: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». 
Cuando un niño ha de ir en una noche oscura a través de un bosque, siente miedo, aunque le demuestren cien veces que no hay en él nada peligroso. No teme por nada determinado a lo que pueda referirse, sino que experimenta oscuramente el riesgo, la dificultad, el aspecto trágico de la existencia. Sólo una voz humana podría consolarle, sólo la mano de un hombre cariñoso podría alejar esa angustia que le asalta como una pesadilla. Existe una angustia –la angustia auténtica, que radica en lo más íntimo de nuestra soledad– que no puede ser superada por el entendimiento, sino exclusivamente por la presencia de un amante, porque dicha angustia no se refiere a nada concreto, sino que es la tragedia de nuestra soledad última. ¿Quién no ha experimentado alguna vez el temor de sentirse abandonado? ¿Quién no ha experimentado en algún momento el milagro consolador que supone una palabra cariñosa en dicha circunstancia? Pero cuando nos sumergimos en una soledad en la que resulta imposible escuchar una palabra de cariño estamos en contacto con el infierno. Y sabemos que no pocos hombres de nuestro mundo, aparentemente tan optimistas, opinan que todo contacto humano se queda en lo superficial, que ningún hombre puede tener acceso a la intimidad del otro y que, en consecuencia, el substrato íntimo de nuestra existencia lo constituye la desesperación, el infierno. 
Jean-Paul Sartre lo ha expresado literariamente en uno de sus dramas, proponiendo, simultáneamente, el núcleo de su teoría sobre el hombre. Y de hecho, una cosa es cierta: existe una noche en cuyo tenebroso abandono no resuena ninguna voz consoladora; hay una puerta que debemos cruzar completamente solos: la puerta de la muerte. Todo el miedo de este mundo es, en definitiva, el miedo a esta soledad. Por eso en el Antiguo Testamento una misma palabra designaba el reino de la muerte y el infierno: sheol. Porque la muerte es la soledad absoluta. Pero aquella soledad que no puede iluminar el amor, tan profunda que el amor no tiene acceso a ella, es el infierno. 
«Descendió a los infiernos»: esta confesión del sábado santo significa que Cristo cruzó la puerta de la soledad, que descendió al abismo inalcanzable e insuperable de nuestro abandono. Significa también que, en la última noche, en la que todos nosotros somos como niños abandonados que lloran, resuena una palabra que nos llama, se nos tiende una mano que nos coge y guía. La soledad insuperable del hombre ha sido superada desde que Él se encuentra en ella. El infierno ha sido superado desde que el amor se introdujo en las regiones de la muerte, habitando en la tierra de nadie de la soledad. En definitiva, el hombre no vive de pan, sino que en lo más profundo de sí mismo vive de la capacidad de amar y de ser amado. Desde que el amor está presente en el ámbito de la muerte, existe la vida en medio de la muerte, «A tus fieles, Señor, no se les quita la vida, se les cambia», reza la Iglesia en la misa de difuntos. 
Nadie puede decir lo que significa en el fondo la frase: «descendió a los infiernos». Pero cuando nos llegue la hora de nuestra última soledad captaremos algo del gran resplandor de este oscuro misterio. Con la certeza esperanzadora de que en aquel instante de profundo abandono no estaremos solos, podemos imaginar ya algo de lo que esto significa. Y mientras protestamos contra las tinieblas de la muerte de Dios comenzamos a agradecer esa luz que, desde las tinieblas, viene hacia nosotros. 





La sepultura
La sepultura
TERCERA MEDITACIÓN 




En la oración de la Iglesia, la liturgia de los tres días santos ha sido estudiada con gran cuidado: la Iglesia quiere introducirnos con su oración en la realidad de la pasión del Señor y conducirnos a través de las palabras al centro espiritual del acontecimiento. Cuando intentamos sintetizar las oraciones litúrgicas del sábado santo nos impresiona, ante todo, la profunda paz que respiran. Cristo se ha ocultado, pero a través de estas tinieblas impenetrables se ha convertido también en nuestra salvación; ahora se realizan las escuetas palabras del salmista: «aunque bajase hasta los infiernos, allí estás tú». En esta liturgia ocurre que, cuanto más avanza, comienzan a lucir en ella, como en la alborada, las primeras luces de la mañana de pascua. Si el viernes santo nos ponía ante los ojos la imagen desfigurada del traspasado, la liturgia del sábado santo nos recuerda, más bien, a los crucifijos de la antigua Iglesia: la cruz rodeada de rayos luminosos, que es una señal tanto de la muerte como de la resurrección. 
De este modo, el sábado santo puede mostrarnos un aspecto de la piedad cristiana que, al correr de los siglos, quizás haya ido perdiendo fuerza. Cuando oramos mirando al crucifijo, vemos en él la mayoría de las veces una referencia a la pasión histórica del Señor sobre el Gólgota. Pero el origen de la devoción a la cruz es distinto: los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia; es decir: expresando su fe en la vuelta del Señor. La cruz está estrechamente ligada, al principio, con esta orientación de la oración, representa la insignia que será entregada al rey cuando llegue; en la cruz alcanza su punto culminante la oración. Así pues, para la cristiandad primitiva la cruz era, ante todo, signo de la esperanza, no tanto vuelta al pasado cuanto proyección hacia el Señor que viene. Con la evolución posterior se hizo bastante necesario volver la mirada, cada vez con más fuerza, hacia el hecho; ante todas las volatilizaciones de lo espiritual, ante el camino extraño de la encarnación de Dios, había que defender la prodigalidad impresionante de su amor, que por el bien de unas pobres criaturas se había hecho hombre, y qué hombre. Había que defender la santa locura del amor de Dios, que no pronunció una palabra poderosa, sino que eligió el camino de la debilidad, a fin de confundir nuestros sueños de grandeza y aniquilarlos desde dentro. 
¿Pero no hemos olvidado quizás demasiado la relación entre cruz y esperanza, la unidad entre la orientación de la cruz y el oriente, entre el pasado y el futuro? El espíritu de esperanza que respiran las oraciones del sábado santo debería penetrar de nuevo todo nuestro cristianismo. El cristianismo no es una mera religión del pasado, sino también del futuro; su fe es, al mismo tiempo, esperanza, porque Cristo no es solamente el muerto y resucitado, sino también el que ha de venir. 
Señor, haz que este misterio de esperanza brille en nuestros corazones, haznos conocer la luz que brota de tu cruz, haz que como cristianos marchemos hacia el futuro, al encuentro del día en que aparezcas. 




La resurrección
La resurrección

Oración 
Señor Jesucristo, has hecho brillar tu luz en las tinieblas de la muerte, la fuerza protectora de tu amor habita en el abismo de la más profunda soledad; en medio de tu ocultamiento podemos cantar el aleluya de los redimidos. Concédenos la humilde sencillez de la fe que no se desconcierta cuando tú nos llamas a la hora de las tinieblas y del abandono, cuando todo parece inconsistente. En esta época en que tus cosas parecen estar librando un batalla mortal, concédenos luz suficiente para no perderte; luz suficiente para poder iluminar a los otros que también lo necesitan. Haz que el misterio de tu alegría pascual resplandezca en nuestros días como el alba, haz que seamos realmente hombres pascuales en medio del sábado santo de la historia. Haz que a través de los días luminosos y oscuros de nuestro tiempo nos pongamos alegremente en camino hacia tu gloria futura. 
Amén 

Enlace de la página tomado de la Revista 30 Días.

sábado, 28 de febrero de 2015

Las últimas tentaciones (y caídas) de Francisco


11- Un Papa que mezcla la política con la fe: muchas de las actitudes de Bergoglio lo exponen como un líder populista, que no quiere decir popular, sino que tiende a mezclarse con personas de la más variada calaña. Entre ellos los políticos argentinos. Aunque haya repetido que no quiere influir en los mecanismos políticos de este país, o que aplace su esperado (por algunos) viaje a su país de origen para no inmiscuirse en la política local, en estos dos años no ha dejado de recibir políticos de todo color y pelaje, incluyendo tres veces a la Presidenta (a quien pidió cuidar) y excluyendo a dos notorios opositores (uno candidato a presidente y otro sindicalista). Se ha sacado fotos con todo tipo de agrupaciones políticas y banderías, aún aquellas que favorecen todo tipo de políticas contraproducentes para la mayoría del pueblo argentino. Como Cardenal durante años le huyó a la cercanía de políticos, salvo aquellos obsecuentes como el diputado que hace unos días publicó una desafortunada carta del Papa que ofendió al pueblo mejicano. Pero como Papa no tiene empacho en dar a Dios y al César el mismo tratamiento. 
12- La búsqueda inquietante de novedades morales y doctrinales: aunque el Magisterio de la Iglesia ha definido claramente todas las cuestiones que tienen que ver con la fe y la vida humana a partir de la Revelación, con el Papa Francisco se ha profundizado e institucionalizado (por ejemplo a través del C9) una cantidad de posibilidades (pedidas históricamente por sectores progresistas y pseudo-católicos) de cambios en la doctrina y moral de la Iglesia. Todo parece estar nuevamente en estudio, esperando nuevas hipótesis de respuesta y alternativas abiertamente contrarias a lo establecido por Papas, Santos, Doctores de la Iglesia, Concilios y Sínodos. Y cuando estas propuestas le son rechazadas pone en marcha una serie de advertencias y amenazas a los que quieran enfrentarse a sus cambios. En otras palabras, a pesar de reclamar la humildad y la pobreza como ariete publicitario, en sus actos personales actúa utilizando el "poder" que el Papado le confiere. Los santos y beatos nombrados directamente sin el proceso canónico completo (la necesidad del milagro reconocido) ha sido utilizado más que lo que lo usaron la totalidad de los Papas anteriores. El nombramiento de obispos o cardenales sin consulta o sin respetar las tradiciones de las sedes cardenalicias tampoco son objeto de su afecto. Y al as bajo la manga para el próximo sínodo de apelar a su autoridad para "atar lo que quiera atar en la tierra y en el cielo" va dejando de ser una fantasía a medida que pasa el tiempo.
13- Algunas de sus obsesiones que ocultan la profunda crisis de fe actual: el Papa puede tener los horarios que quiera: levantarse a las 5, rezar, la misa, reuniones, audiencias, reuniones y más reuniones, llamadas telefónicas, contestar cartas, recibir visitas, etc. En toda esa febril actividad (que parece resentirle la salud pero impecablemente detallada en los medios) parece que toda su dedicación está puesta en pocos aspectos esenciales que son urgentes en la Iglesia: dedicado a la lenta reforma de la Curia, empeñado en su momento en los inmigrantes ilegales, luego en los contactos políticos con Argentina, su empeño manifiesto (el más grave) en dividir a la Iglesia (en vez de unir) en misericordiosos frente a fariseos rigoristas, etc. Este empeño lo viene trasluciendo en cada homilía, cada discurso, cada juicio contra ls cristianos que tratan de vivir su fidelidad a Cristo lo mejor posible. Al juzgar a los católicos de grises, quejumbrosos, aburridos, barnizados, caras de funeral, revela el poco amor que tiene por los que forman la Iglesia, que entregan su vida por ella y viven la fe en el lugar que les dio el Señor.
14- La calculada trampa del Sínodo de la Familia: acerca de la familia, de cómo puede enfrentar los ataques que sufre, como vivir con fe y amor la secularista opción de vida actual, se podría profundizar mucho. El Magisterio siempre se mantuvo actual en este acompañamiento. Hasta Francisco. Especular con dar la comunión a los divorciados vueltos a casar (nunca excluidos de la Iglesia, aunque Francisco nos lo quiera hacer creer), la posibilidad de realizar un camino de conversión y gracia a las personas homosexuales (acompañados con respeto y comprensión como pide el Catecismo, aunque Francisco quiera decir que no es así), se ha convertido para el Sínodo, de mano de colaboradores directos del Papa que manipulan la opinión y a los propios padres sinodales, el ariete papal en su búsqueda de soluciones y nuevas hipótesis. Con ese fin, el mismo Francisco prohibió publicar las exposiciones de los obispos durante el Sínodo, y vergonzosamente añadieron a la relación final cuestiones que no habían sido formalmente votadas por los obispos, para torcer el brazo y seguir exponiendo (para criticarlos y debilitarlos) a los que afirman con justicia que esas cuestiones ya han sido resueltas por el Magisterio precedente. Y el Papa no ha sido nada ajeno a estas trampas.
15- El rumbo que Francisco planea para la Iglesia: al Papa no le importa romper moldes. Se ha revelado como un gran estratega en el perfil que le ha dado a su rol pontificio: humilde, con gran exposición y repercusión en los medios (buscada abiertamente y transando más de una vez con ellos), desacartonado. Con estas actitudes sigue encandilando a sus colaboradores y a personas que se deslumbran con sus gestos, que siguen sin creer un ápice en la fe católica. Siendo argentino, lleva en su esencia el doble discurso, el populismo, el narcisismo del que cree que nunca se va a equivocar, que le deben obediencia ciega y fiel, y que no tolera la más mínima crítica. Su discurso en el cierre del Sínodo es prueba palpable de esto. 
Según sus allegados, pretende revolucionar la Iglesia, no reformarla. 
¿Porqué no convocó a un Concilio? Creo que porque considera que no tiene tiempo para conseguir lo que desea (un cambio radical de la doctrina, convirtiendo la Iglesia en lo que no es), y porque doblegar a cinco mil obispos es más difícil que manipular a doscientos con un sínodo. Es una opción con más posibilidades de éxito. No son mil obispos los que defienden la doctrina tradicional sino apenas veinte. Y las filtraciones a la prensa pueden ser más dirigidas. No se si éste será el rumbo que quiere Cristo para su Iglesia. Pero Francisco lo está logrando.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Las siguientes tentaciones de Francisco

Sigo con la lista de tentaciones que podemos observar en el Papa... y lo significativas que resultan cuando cae en ellas. La cuestión es que ellas hacen que muchas personas se descentren de lo esencial, que es Cristo presente en la Iglesia y se complazca en alabanzas y deslumbramiento por un ídolo con pies de barro. 
Incluso el golpe de efecto inicial de tomar el nombre de "Francisco", fue reutilizado desde Radio Vaticana en sostener que "El Papa es tan santo como San Francisco de Asís". La forma en que enfrenta el Papa los problemas o retos actuales que enfrentamos los católicos, donde ponerse en el centro de la escena, dedicarse a reunirse con sus amigos pentecostales y alentarlos, realizar gestos marketineramente calculados, dar entrevistas o soltar opiniones sin ton ni son (como el asunto de los católicos como conejos), no resuelven en nada los desafíos que enfrenta la Iglesia en este momento histórico, con un Papa distraído y desubicado en su misión de vicario de Cristo. 
La crisis de fe que se verifica en la Iglesia desde el fin del Vaticano II, la caída abrumadora de vocaciones sacerdotales y religiosas, la pérdida en la vida sacramental de millones de católicos (bautismos, casamientos, confirmaciones), las celebraciones litúrgicas huecas y vacías, la falta de formación de sacerdotes (ni hablar de vivir en pobreza, obediencia y castidad), la cantidad de laicos clericalizados y clérigos laicistas, los desvíos doctrinales y morales, son las características de una fe que se diluye y una vida sacramental que se esfuma. 
Y todo esto ante los ojos del Papa Francisco, que vive más preocupado porque el tiempo es superior al espacio, por su "hagan lio", por sus obsesiones (ayer trata de personas, hoy la mafia calabresa, mañana será la ecología si es cierto lo de la encíclica en proceso), que dejará luego de su paso (si no lo envenenan o matan antes, como también repetidas veces lo ha dicho, como invocando a un martirio altruista) una Iglesia más desvastada, con menos fe que antes, con sacramentos reducidos a la nada y un clero y una vida religiosa inexistente.

6- La repetición de incoherencias: mientras sostiene que "no se puede ser cristiano sin la Iglesia", el Papa se la pasa buscando que la Iglesia camine en la unidad con todos aquellos que la atacan, como si fuese la Iglesia la que los alejó. Mientras la enseñanza de la Iglesia es muy clara en abordar situaciones morales difíciles, el Papa de un plumazo sostiene que "tiene en su corazón", que "habrá novedades", que "hay que plantear nuevas hipótesis", engañando primero a los que están dolidos por su situación con posibles soluciones mágicas, y por otro despertando la atención de aquellos que quieren seguir fiel a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia. Los dobles mensajes son una variante de estas incoherencias, que no se las puede achacar a sus subordinados. Solamente colocar la misericordia por encima de la justicia, o a un Dios que "perdona todo" sin necesidad de conversión o arrepentimiento, da cuenta de una doctrina manejada arbitrariamente por el Papa actual.
7- La constante costumbre de escandalizar: ya había sostenido en una entrada anterior que Bergoglio no sería Francisco sin su predilección por escandalizar. Escandalizar en sentido evangélico, que es poner piedras y entorpecer el camino (de fe) del otro. Es muy significativo que en estos dos años no haya habido ni una noticia referida al Papa que de alguna forma haya desconcertado, molestado, asombrado a cualquier católico con un mínimo de vida sacramental o formación catequística. Lo de "católicos como conejos", dicho con la gracia habitual de un stand up, molestó y dolió a muchos padres y madres de familia. Hablar de "esa cruz tan pesada" que era el ayuno eucarístico, va por el mismo lado. Escandalizar para el Papa Francisco es pedagógico; para Jesucristo es uno de los pecados más graves.
8- Del "¿quién soy yo para juzgar?" a la lista de invectivas diarias en Santa Marta: si algo caracteriza la bondad del Papa Francisco es la originalidad para crear la más variada cantidad y calidad de insultos a los que él llama cristianos. Tanto que valió hasta la publicación de un libro con esta categoría. Pelagianos, contadoras de rosarios, fariseos (su preferido), neo-pelagianos, y todas las caras (de funeral, de pepinillos en vinagre, de solteronas), etc. etc. etc. Toda la humildad y la cercanía humana de que dispone con esta tentación (donde cae repetidas y fastidiosas veces) parecen revelar su real esencia: "de la abundancia del corazón habla la boca". Si lo que promueve es una renovación de los corazones, una revitalización moral, su estilo de juzgar sin misericordia alguna se presenta entonces como el escándalo y la incoherencia más grande, si ya por otros motivos no hace méritos para lograrlo.
9- Amistades peligrosas: cada uno dueño de sus preferencias y amistades. No tiene nada de malo. El Papa Francisco es particularmente dadivoso en este sentido. Aunque desde el inicio de su pontificado se abstiene abiertamente de dar la comunión en ceremonias públicas, por temor a que alguien en situación pecaminosa busque la foto comulgando con él, en sus audiencias públicas y privadas se ha permitido recibir y festejar alegremente con reconocidos personajes de más que dudosa catadura moral, o abiertamente enemigos de la Iglesia, o personas en situaciones morales cuando menos irregular. Todo lo que sea prensa le es conveniente. Y aunque sus obsecuentes salgan a explicar que Jesús también se acercaba a los pecadores, el Señor siempre los amonestaba a la conversión y al arrepentimiento. Cosa que no hace el Papa. Cuando las visitas se repiten es una muestra que la persuasión franciscana para el cambio de vida falla en algo.
10- La lenta reforma de la Curia Romana y el grupo de asesores cardenalicios c9: en otro momento sostuve que aunque la Curia Romana se reduzca a diez personas, que se cierre el Vaticano como Gobierno central de la Iglesia y que el Papa se vaya a vivir a una parroquia romana de las afueras, en nada va a solucionar o ayudar en la profunda crisis de fe que vive la Iglesia. Una Curia más ágil y moderna puede ser de provecho, pero cualquier administrador de empresas, con un mínimo de experiencia, ya hubiera realizado la reforma y actualización organizativa de un organismo que no ocupa a más de 500 personas. Unificar dicasterios, congregaciones, consejos soluciona burocracia pero no resuelve el problema de fondo de la fe. Por eso que esta lentificada reforma, "paso a paso" según Francisco, y con muchos detractores según sus obsecuentes, es una bomba de humo. Ajena a los fieles que quieren crecer en la fe, vivir sacramentalmente y contar con algún cura santo en la parroquia. En este punto, el grupo c9 de cardenales le es funcional: meten cizaña el dividir pastoral de doctrina, hacen lobby por la nueva revolución primaveral franciscana, y entorpecen con sus palabras el trabajo de los demás curiales. Y ni hablar de los colaboradores cercanos que Francisco ha llamado a acompañarlo: el mismo Kasper, el neo-capricho-francisquista- obispo Victor Fernández, y todo un séquito de obispos y cardenales nombrados directamente a dedo por el Papa sin ninguna intervención de nuncios o de la Congregación para el Clero, hoy inexistente.